Deja - Vu

20:28 by Pike

"Me conociste en un momento
muy extraño de mi vida"


Tyler Durden en El CLub de la Pelea




Enzo Perrogon se ajusto la corbata frente al gran espejo recién enterado de que ese día iba morir. No sabia como, y en realidad el problema es que desconocía el momento, pese a ello salio del baño camino al salón principal sin mucho apuro, tanto así que se coloco los lentes y volvió a revisar un legajo de papeles que cargaba en un archivador junto a su agenda. Buscaba el discurso para clausurar el seminario sobre Liderazgo Empresarial que había presidido con mucho tino, pero seguro de que se le había traspapelado, decidió improvisar.

Enzo era un hombre de mediana altura y delgado. De ojos claros y mirada apacible, con líneas en el rostro que le aumentaban la edad. Canas prematuras raleaban su cabellera a los lados, vestía un saco plomo que disimulaba sus hombros caídos.

Entro en el amplio salón Flamboyán del hotel Los Tajibos ensayando una mueca de sonrisa. Una nube de murmullos se desinflaba a su alrededor. Subió a la tarima, probo el micrófono dando unos golpecitos en la carcasa, coloco ambas manos sobre el atril y sin trastabillar se dirigió al público. Al frente unas cien personas de rostros lánguidos, cómodamente sentadas lo escuchaban en completo silencio. A cada rato destellaba la luz blanca de alguna cámara fotográfica. Enzo busco entre los presentes el rostro de Daniela para coger vuelo y al no encontrarlo se armo con tal convicción que pese a los eufemismos y términos técnicos no cayo pesado.

La presencia joven pero madura de Enzo con una nueva visión sobre estrategias empresariales, dio al seminario un éxito que sorprendió a los mismos organizadores. El estruendo de los aplausos distendió la atmósfera formal, mucha gente siguió golpeando las palmas de pie al terminar el breve discurso. Se escuchaba música ambiental a lo Jean Michel Jarre y ello insuflo un carácter festivo a la reunión. Meseros con bandejas de saladitos y bebidas comenzaron a aparecer. La prensa televisiva se abrió paso y preparaba notas organizando pequeños círculos con gente destacada. El cocktail de clausura empezaba.

Los colegas de trabajo se acercaron a Enzo, lo felicitaron con abrazos. Alguien le alcanzo una copa de sidra.
―Se nota que ensayaste ―dijo Jimmy.
―La verdad no. También estoy sorprendido ―comento Enzo.
―Me parece que se cumplieron las espectativas.
―Esperemos que dice el directorio ―dijo Enzo buscando con la mirada algo entre la gente. Ni bien paso un mesero cerca, cambio su copa de sidra por una de cerveza. Se bebió el vaso entero de un solo trago y dejo la copa vacía en la charola.
―Parecias un Walter Mercado hablando de nuestra conciencia cósmica ―dijo Christina con los labios rebalsando lápiz labial― tienes que leerme la suerte un dia de estos.
Todos se miraron entre si y luego se escucharon carcajadas. Enzo se ruborizo, levantaron las copas y brindaron con entusiasmo. Estaba con los ojos vidriosos, sus compañeros le dieron palmaditas en el hombro pues comprendían su sincero entusiasmo, aunque no paso desapercibido el esfuerzo que hacia por no denotar su fuero interno. Observo que sus manos temblaban. Estiro y encogió los dedos varias veces, los puso frente a su rostro, se movían como atacados por un terremoto. Jimmy y Christina murmuraron con sorna mirando a Enzo.


Se alejo del grupo con la excusa de ir tras unas brochetas de camarones, mas allá saco un papel y apoyado sobre un estante de vidrio anoto algo, luego doblo la hoja cuidadosamente y la metió en el bolsillo interior de su saco. Estaba de espalda a la gente cuando vio una mano que le ponía en frente un tríptico.
―¿Como podes explicarte esto? ―dijo la voz de mujer.
―¿Donde estabas? ―dijo Enzo al percibir el prefume, dándose la vuelta, sorprendido por la presencia de Daniela.
―Renegando con mucha gente. Imagínate que los logotipos de dos empresas auspiciadoras no aparecen en el tríptico.
―No me sorprende, no es nuestra responsabilidad, recuerda que se anotaron recién hace un par de días y se les advirtió de estos detalles. Además sus contribuciones han sido simbólicas.
Enzo hizo lo que mejor sabía hacer con sus colegas: levantarles la moral. Daniela era una secretaria de gerencia dinámica y eficiente pero ese día se la notaba aturdida con tantos detalles por atender. Era alta, de rasgos finos y melena castaña. En menos de seis meses habían logrado compatibilizar muchos criterios de trabajo, formaban un excelente equipo. Enzo lo sabía muy bien a tal punto de que siempre pensaba en cuanto había entregado de si mismo en aras de llevarse bien con Daniela.
―Te busque desde arriba ―dijo Enzo con la voz quebrada, apuntando a la tarima con los ojos. Estaba por meter la mano en el saco cuando sintió que lo jalaban del brazo.
―Eres la estrella ―dijo Christina― asi que dale a la prensa lo que es de la prensa.―Señalaba con la cabeza hacia donde tenian que ir.
Enzo se dejo llevar casi a empujones. Daniela se quedo viéndolo mientras el lugar se tupía con gente que iba y venia.


La luz de la cámara de televisión encandilaba, Enzo parpadeo intentando ponerse de perfil. La fama de la reportera de alguna manera garantizaba que la entrevista iba ser casual, sin preguntas muy técnicas. Estaba harto de explicar la quintaesencia del Management. El micrófono estaba muy cerca de su boca así que se aparto hacia atrás pero como si la reportera lo hiciera a propósito tuvo de nuevo el micrófono rozándole los dientes.
―¿El evento salio mejor de lo que usted esperaba? ―dijo la mujer esgrimiendo una sonrisa de almanaque.
―Hubo una nutrida asistencia, signo de que nuestro enfoque era correcto.
―Muchos dicen que usted es el artífice tras bambalinas.
―Lo que se puede observar, es el esfuerzo de muchos ―el camarografo hizo un paneo capturando el movimiento febril de la gente embutida en ropa elegante haciendo relaciones.
Tan simple como sonaba, Enzo supo que era el día más importante de su carrera profesional. Sus ambiciones de alguna manera estaban cumplidas. Elevo el arco de sus lentes con el dedo índice. El silencio paulatinamente se hizo en sus oídos, solo escuchaba el tic-tac de su corazón. Abrió su agenda y se fijo como había marcado cada hoja con innumerables anotaciones, era una persona organizada y puntillosa. Se dio cuenta de las muchas, miles de citas, a las cuales no podría asistir. Alzo lentamente la cabeza y se quedo viendo el horizonte, su mirada traspasaba los gigantes muros del salón, cruzaba las calles, y se perdía en un minúsculo punto de luz allá en el infinito que pronunciaba impasible su nombre.

Las esclusas se elevaron y uno por uno los sonidos volvieron a poblar su cabeza. Fue cuando decidió obviar a la reportera, su maquillaje sobrecargado de rimel y base, la parafernalia mediática y buscar a Daniela. Por el micrófono alguien anunciaba el sorteo de unos pasajes de ida y vuelta a Camboriu.

Daniela estaba repartiendo trípticos con Jimmy y Christina. Enzo se acerco como quien tiene una buena excusa para interrumpir.
―Tengo en mi agenda que hay presupuestado cerca de quinientos dólares para un ítem llamado “otros” ―dijo.
―Son los fuegos artificiales ―se adelanto Daniela.
―¿Y la política de austeridad que tanto pregonamos? Vivimos momento de crisis.
―Podemos perder credibilidad ―aumento Jimmy.
―Tambien se pago la portada en Sociales VIP ―remato Christina.
―No puede ser que las frivolidades sean una prioridad ―dijo Enzo, conciente de que ni él se creia lo que decia.
―Y si te pones a pensar en lo que se gasto solo en decorar el salón ―dijo Daniela― acabas tirandote de los cabellos.
―Estos eventos son asi ―añadio Christina― noventa por ciento show y diez por ciento contenido.
Ahí estaba Enzo, una vez mas removiendo las ideas de sus compañeros, hurgando hasta donde podían argumentar. Disfrutaba de Christina reina del colágeno y la liposucción, Jimmy el tipo buena onda que no se complica con nada. Se aventuro aun más cuando dijo:
―Nos merecemos una buena farra.
Nadie se opuso, sino más bien todos se miraron con júbilo.
―Conozco un sitio genial cerca de aqui ―se apresuro a decir Christina.
―Yo los alcanzo ―diijo Daniela.― Tengo que entregar oficialmente los pasajes de Aerosur al ganador del concurso.

Anochecía. La gente comenzaba a retirarse. Enzo miro su reloj. Atrás quedaban los aplausos, abrazos, cariños, solo sentía la viva consigna de que ciertos sucesos dispuestos tácitamente por el destino son implacables en su ejecución. No lo atemorizaba el transcurso del tiempo, mas bien conforme el reloj impertérrito iba deshilachando cada segundo se deleitaba sorbiendo de a poco la fugaz espuma de vida que reinaba a su alrededor. La jornada fue fructífera. Gente importante le brindo su apoyo.
Se acerco a Daniela, le puso un papel en la mano y cerro sus dedos sobre el mismo.
―Es solo una nota de agradecimiento ―se animo a decir Enzo.― Mañana tendras tiempo de leerla.
Daniela sonrió mostrando cada una de las piezas de su perfecta dentadura.


Afuera, el cielo se encendía con la pirotecnia. Un viento calido mecía las copas de las palmeras que adornaban el frontis. Bajando las gradas del hotel, Enzo, Jimmy y Christina, observaron con detenimiento las estrellas de colores que explotaban en chorros de luz, salían disparadas en todas direcciones, soltando un agudo silbido en su trayecto. Enzo se quedo pensativo. De alguna manera el espectáculo de luces era el símbolo de su éxito.

Decidieron caminar hasta la avenida. Otra gente enterada de los planes de celebración se les unió, así que formaban un grupo mas o menos numeroso. Iban charlando, cargando sus maletines de hasta tres compartimientos, como si estos fueran una prolongación de sus manos.

Al llegar a la esquina vieron a un par de jóvenes exaltados haciendo ademanes. Estaban socorriendo a un señor entrado en años. No hacia ni diez minutos lo habían atracado con un arma quitándole sus pertenencias. La policía aun no aparecía y de ello los jóvenes alzaban la voz para comentar. La victima estaba sentada en el borde de la acera, un tajo en la frente, apenas protegido con un pañuelo era indicio de la gravedad del ataque.

Enzo respiro profundo pues le parecía que ese momento ya lo había vivido. Sin detenerse continuaron caminando. Nada podía estropear su merecido derecho a celebrar.

Los colegas de oficina cruzaron la avenida comentando el incidente del pobre hombre. Nadie se percato de que una camioneta se acercaba a gran velocidad. Se escucho el chirrido salvaje de las llantas frenando y luego un golpe seco. Los lentes se elevaron por los aires formando una parábola hasta caer en el pavimento y dar un leve rebote.


Santa Cruz, 26 de Mayo

6 Comentarios, insultos, amenazas

6 comentarios:

Asesino_De_Leyendas dijo... @ 27 de mayo de 2009, 11:27

Y bueno, interesante relato, pasa, en esta vida pasa de todo, nunca hay éxitos al 100%.

Un abrazo

La Infame dijo... @ 28 de mayo de 2009, 7:54

che, esta muy bueno tu blog, dale, segui escribiendo..

besos!

coco dijo... @ 2 de junio de 2009, 8:52

buena, me atrapo el relato

Violeta dijo... @ 16 de junio de 2009, 17:08

me gustó, estuvo interesante la narrativa bastante descriptiva.

tragicomedia_gmr dijo... @ 22 de junio de 2009, 14:58

muy interesante! cool narrativa.

LOCA!!.. como tu madre dijo... @ 29 de julio de 2009, 7:21

Me gusta ese aire urbano y actual que tienen todos los relatos, siempre me paso por aqui a ver si subiste algo nuevo :)hoy no tuve suerte, veremos mañana.

Salutes!

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